El interés regulatorio en el reemplazo del uso de animales de laboratorio, se ha convertido en un hecho concreto que propende a la incorporación creciente de estudios “in vitro”, “ex vitro”, e “in silico”, a la batería de ensayos necesarios para evaluar el riesgo de exposición a productos fitosanitarios, farmoquímicos y de otras industrias, que son objeto de autorización y registro.
La mayoría de estos ensayos caen en el marco de estudios a realizarse bajo el marco de las Buenas Prácticas de Laboratorio de la OECD, otros por su naturaleza y uso, no (ej. estudios “in silico”), pero todos deben cumplir con requisitos de validación que garanticen la adecuación, o no, de su aplicación.
El antecedente, ya de años, que se conoce relativo al registro de productos cosméticos en la Unión Europea, sirve de base para su adopción en otros ámbitos de aplicación. Sin embargo, no hay una criterio unificado, a nivel de autoridades regulatorias, a la hora de aceptarlos, para basar en ellos su propio dictamen y/o aval. Algunas lo rechazan de plano, por considerar que sólo el sistema biológico vivo puede representar, de alguna manera efectiva aunque no perfecta, lo que sucederá en seres humanos. Otras lo acaeptan de manera absoluta, ignorando a veces, las limitaciones o requisitos particulares en la ejecución de los mismos.
Se ha presentado una oportunidad relevante en Argentina para evaluar el estado actual, tanto a nivel científico como académico y regulatorio, de la temática en cuestión, dado que la Ciudad de Buenos Aires ha sido sede del III Congreso Latinoamericano de Métodos Alternativos al Uso de Animales de Laboratorio. El mismo tuvo lugar entre el 30 de Octubre al 1 de Noviembre de 2018. Ver Programa clickeando aquí.


